Para ser iguales en derechos y libres de toda opresión

14 - 10 - 09

Por: Carlos Reyna

Se han ido casi a la vez, la Negra Mercedes Sosa y Arturo, el Zambo Cavero. Hace unos días, en Buenos Aires, se hizo un minuto de silencio en homenaje a los dos. Ambos recibieron homenajes de sus gobiernos y Congresos, y sus funerales fueron escoltados por multitudes. La circunstancia invita al paralelo.

La voz de la Negra se hizo conocida desde los años 60, y fue parte de la llamada Nueva Canción Latinoamericana, que acompañó el ascenso de las luchas del pueblo latinoamericano que alcanzaron su cima en los años 70. Cuando esas luchas obtuvieron el retorno a las democracias de los años 80, y sobre todo cuando se instaló el clima neoliberal de los 90, el estereotipo reinante pretendió confinarla dentro del llamado folklore.

Pero la Negra rompió el estereotipo una y otra vez. Nunca dejó su propia perspectiva, de adversaria de lo injusto pero siempre artista y libre. Por eso pudo hacer dúos, ora con Charly García o Fito Paéz, ora con Pavarotti. Prefería que la llamen cantora, la que canta no solo lo que puede sino lo que debe. Luego de su partida, el nuevo clima contestatario latinoamericano se encargará de mantener vigente al canto de Mercedes.

La voz del Zambo Cavero se hizo popular en la segunda mitad de los 70. Además de su potencia, su singular estilo de intérprete revitalizó la música criolla y se hizo popular y exitoso muy rápido. Eso atrajo el interés político del gobierno militar de entonces, acosado por protestas, necesitado de simpatías populares y de fomentar patriotismo y unidad nacional, tras de él por supuesto.

Como se sabe, aquel gobierno militar, como otros antes y después, captó la colaboración de un compositor conocido por su disponibilidad cortesana para cualquier gobierno. Así es como se logra atraer al Zambo y nacen algunos de sus valses o marineras más recordados y celebrados, aquellos de letra patriota pero de calidad artística opinable.

Siempre el poder político trata de captar al artista, sobre todo si es popular. Lo hace incluso en sus funerales. A la hora de recordar canciones del Zambo Cavero, uno prefiere La Abeja, de Ernesto Soto, o Rosa Elvira, de Pedro Espinel, el amigo del gran Felipe Pinglo, cuando el vals era extraoficial, plebeyo y libre.

Fuente: La Negra y el Zambo | LaRepublica.pe


Publicado por jota.ele @ 11:06  | Actualidad
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