Por Carlos Reyna
A propósito del artículo de S. López "Los desafíos de la Izquierda".
Es curioso el razonamiento de Sinesio comparando a la izquierda chilena y peruana:
En Chile tenemos una izquierda dividida en tres partes. La mas fuerte viene de gobernar en la Concertación con Michele Bachelet (del PS) como Presidenta. Esta es la principal contendora de la derecha que se ha unido toda tras el candidato Sebastián Piñera.
Otra parte de la izquierda, la mas pequeña de las tres, se nuclea en torno al candidato Arrate y tiene como eje al Partido Comunista. Normalmente obtienen cerca del 5 % de los votos.
Y la tercera parte es liderada por Enríquez Ominami, un audaz joven que se salió del PS chileno para lanzar su candidatura, poniendo mas énfasis en la renovación de la izquierda que en su unidad.
A Sinesio no le preocupa que la audacia de Enríquez Ominami podría ser riesgosa para los fines de impedir el triunfo de la derecha. Mas bien encomia su audacia y responsabiliza desde ya a la Concertación (izquierda mas DC) por el eventual triunfo derechista. Refiriéndose a lo que sería Enriquez dice "Si la coalición gobernante no entiende esta exigencia juvenil de renovación, la derecha puede ganar el gobierno en Chile".
La renovación de la izquierda, aquello que sería la clave para Chile, no lo sería tanto para el Perú en el razonamiento de S. López. Su idea es que aquí la clave sería la unidad de la izquierda.
Curioso, porque aquí la izquierda partidaria, para decirlo suavemente, no viene de tener resultados electorales exitosos. No es que no haya ciudadanos de sensibilidad izquierdista. De hecho existe una izquierda social que hace rato no se siente expresada por los partidos de este signo. Las encuestas hablan de un 20 % de gente de izquierda pero dichos partidos no sumaron mas de 1.5 %.
Últimamente, además, esa izquierda partidaria se desarmó todavía más por pretender ungirse a un Ollanta que ya mostró grandes limitaciones y no se sabe dónde va, excepto que va de bajada.
Por tanto, la renovación debería ser aquí más urgente y trascendental que en Chile y no tanto la unidad de tutti quanti.
Y en términos de candidaturas, si para Chile Sinesio pide que el resto de la izquierda le abra paso al joven Enríquez Ominami, lo lógico sería que aquí, por razones todavía mayores, pida que la izquierda partidaria le abra paso y respalde La candidatura de Marco Arana. Sobre todo porque este, a diferencia de Ollanta en el 2006, si tiene una trayectoria de luchador social, probada práctica democrática y en sus pocos meses de actor político ha mostrado la consistencia de planteamientos que el líder nacionalista se ha esmerado en esconder en sus cuatro años de actuación.
Dicho esto, sin embargo, sí es cierto que cualquier proyecto partidario tendrá que saber mostrar otras cosas además de un nuevo líder y un nuevo discurso:
1) Saber ganar su registro primero;
2) Saber levantar propuestas de cambio profundo y a la vez ganar el centro del tablero (que no es lo mismo que volverse de centro). Eso no se logra volviéndose centrista y ambiguo sino sabiendo captar y generar las corrientes de opinión mayoritarias; quizás la clave esté en combinar la radicalidad del contenido con los persuasivo, consensual y convocador de la forma;
3) Ganar cuadros con capacidad de conducir al Estado y reformarlo sustancialmente, y
4) Ser audaz para hacer política partidaria también en las arenas internacionales.
Y no será el tiempo quien dirá si este tipo de retos los puede resolver una izquierda renovada. La palabra la tienen los que dicen ser esa izquierda.
Tierra y Libertad, dices que eres Rodas, demuéstralo.
Por Sinesio López Jiménez
En América del Sur sólo Perú y Colombia se inscriben en el neoliberalismo extremo. Todos los demás países se ubican, con algunos matices, en el campo de la izquierda. ¿Se mantendrá este mapa político en la próxima década?. Si las próximas elecciones sólo se decidieran por los éxitos y los logros, la izquierda debiera seguir gobernando. Pero sospecho que hay otros actores y factores: el peso creciente de las nuevas generaciones, sus deseos crecientes de innovación y sus exigentes demandas de calidad de vida. Son valores y demandas propios de una sociedad desarrollada. Eso es lo que expresa el exitoso candidato chileno Marco Enríquez-Ominami, ubicado también en el campo de la izquierda. Si la coalición gobernante no entiende esta exigencia juvenil de renovación, la derecha puede ganar el gobierno en Chile. El probable triunfo de Piñera puede significar el comienzo de una corrida del péndulo hacia la derecha en América del Sur, pero no significaría, sin embargo, la implantación de un neoliberalismo extremo que, si se tiene en cuenta la crisis mundial y las circunstancias latinoamericanas, ya no es viable en América Latina.
¿Se puede revertir la excepcionalidad peruana y colombiana en América del Sur?. Mi hipótesis es que, dada la crisis actual (nacional e internacional), la izquierda puede terminar con la excepcionalidad peruana si enfrenta exitosamente cinco desafíos. En primer lugar, la presentación de un candidato único de izquierda, creíble y confiable para las mayorías del país, que ocupe el espacio de centro izquierda y que evite su fragmentación. Tendría que desplegar una amplia convocatoria social y política que contrarreste el intento de la derecha de arrinconarla y de sobrepoblar con candidatos ese espacio.
En segundo lugar, la izquierda tendría que unificar a las principales fuerzas de ese signo que exhiben una probada trayectoria democrática. Es difícil, si no imposible (y a lo mejor tampoco es deseable), que todos los partidos izquierdistas reconstituyan una especie de Izquierda Unida de estos tiempos.
Sería un error político, por ejemplo, acercarse a las nuevas organizaciones que vienen del terrorismo y que han hecho un viraje hacia el juego electoral.
Si las principales fuerzas de izquierda se unifican y apoyan un candidato único, es difícil que emerjan candidatos menores que le hagan el juego a la derecha.
En tercer lugar, la izquierda tendría que forjar una amplia coalición social que impulse y viabilice un modelo de desarrollo centrado y a la vez abierto al mercado internacional, inclusivo, integrador y descentralizado. Las clases populares, los pobres y muy pobres no constituyen una base social suficiente para ganar el poder y gobernar. Son necesarios también las clases medias y el empresariado nacional. A las demandas de Estado efectivo es necesario añadir la exigencia de calidad del desarrollo que resuelva los problemas del empleo y de la pobreza.
En cuarto lugar, la izquierda, para ser una alternativa creíble y confiable de gobierno, tendría que convocar a un equipo tecno-político calificado y con experiencia de gestión gubernamental. Este desafío, pese a que es el menos difícil dada la orientación izquierdita de un sector importante de técnicos, profesionales e intelectuales, tiene una enorme importancia pues da confianza tanto a las élites sociales como a las clases populares. En quinto lugar, la izquierda tendría que mostrarse plural y tender puentes a todos los gobiernos de izquierda de América Latina. Sería un error (que le costaría una posible victoria) la adscripción a una u otra corriente de las izquierdas existentes en AL.
¿Podrá la izquierda enfrentar y resolver estos desafíos?. Es difícil, pero no imposible. Las circunstancias ayudan, pero ¿existe la voluntad política de los principales actores de la izquierda para constituir una alternativa de gobierno seria, responsable y exitosa?. El tiempo lo dirá.
Fuente: La República