Por Pedro Francke
Un famoso discurso de Franklin Delano Roosevelt, el legendario presidente norteamericano que enfrentó la Gran Depresión y condujo a su país durante la II Guerra Mundial contra el nazismo, es conocido como el discurso de las 4 libertades, y es considerado uno de los fundamentos de los Derechos Humanos.
Libertad de la Necesidad, estar libres del hambre y de la necesidad de cobijo, estar libres del sufrimiento de una enfermedad que puede evitarse con una atención de salud.
Libertad del Temor, estar libres del miedo a ser asesinado por la calle atacado por algún delincuente, estar libres del temor a que tus propias tierras o aguas te sean arrebatadas por una poderosa empresa minera o petrolera en complicidad con el gobierno.
Libertad de Expresión, tener la posibilidad de decir tu opinión sin cortapisas, incluso a través de los medios masivos de comunicación.
Libertad de Culto, ser libres para poder tener las creencias por las que cada uno opte, lo que implica que el estado no debe basar sus decisiones en ninguna religión constriñendo así a quienes piensa distinto.
Estas eran las 4 libertades fundamentales para Roosevelt. A ellas podemos hoy añadir otras más: ser libres de la ignorancia, ser libres de la degradación y contaminación ambiental, ser libres de la discriminación.
Este conjunto de libertades, van haciendo lo que podemos llamar la Libertad, con mayúscula. El discurso neoliberal que asocia la libertad solamente a un Estado mínimo, tiene poco que ver con concepciones liberales más modernas.
La Libertad, como ha desarrollado Amartya Sen, es el espacio de autonomía de los individuos, es decir lo que podemos ser y hacer. Esa Libertad requiere no sólo que el Estado respete derechos civiles básicos, también que nos libere de la necesidad y del miedo y nos trate como iguales. Esa es la Libertad que queremos defender y ampliar. Esa es la Libertad que inscribimos en nuestra bandera.
Fuente: Tierra y Libertad