Por Carlos Reyna
Se ha cometido, desde Chile, un acto de espionaje en agravio del Perú que lesiona seriamente la fraternidad que debe existir entre los países de América Latina. El caso en el que agentes chilenos compran información militar a un suboficial peruano, no es inventado. Este domingo que pasó, en el programa "Estado Nacional" de TV Chile, dos comentaristas de la Concertación y dos de la oposición de derecha dieron por cierto el caso, claro que argumentando que "todos los Estados espían".
Tal acto ha sido descubierto justo cuando el armamentismo, uno de cuyos principales exponentes es precisamente Chile, se ha acelerado en América Latina. En el caso de Chile, sus autoridades lo justifican con el argumento de que su poderío militar debe ser proporcional a su peso económico. Tal doctrina es funesta. Rompe el criterio clásico del equilibrio con sus vecinos y da lugar precisamente, por reacción, a dispendiosas compras de armas en la región. Bolivia acaba de comprar 100 millones de dólares en armas.
Con cosas como estas se lesiona seriamente el proceso de creciente convergencia que venia ocurriendo entre los países latinoamericanos. En particular se afecta el clima que favorecía a la conformación de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), que fue gravitante para resolver la tensión entre Ecuador y Colombia, primero, y las tensiones internas que afectaron a Bolivia.
Afectar a UNASUR, sembrar discordia y tensiones entre los países sudamericanos solo favorece a las potencias hegemónicas de siempre interesadas en mantener dividida y desgarrada a la Patria Grande. Sólo beneficia a los fabricantes de carísimas máquinas y naves de combate, a sus vendedores y a los que cobran comisiones por venderlas y comprarlas. Es traicionar a nuestros próceres integracionistas, al primer Haya, a Mariátegui y Vallejo, a Edwards, Mistral y Allende, para citar solo a peruanos y chilenos.
Calentar las armas es también olvidar nuestra común raíz indígena, cuyos más auténticos portadores son los pueblos originarios. Ellos, nuestros hermanos, son la prueba viva de que las fronteras nos fueron impuestas por colonizadores de fuera o de dentro, precisamente para apropiarse de sus territorios. Mapuches al sur de Chile, o awajuns al norte del Perú pueden dar fe de que ello ocurre aun ahora mismo. Gran paradoja, en las guerras siguientes serían los hijos de los invadidos los que se matarían entre sí.
El actual Presidente del Perú ha sido uno de los más desleales a todo ese legado. Con su fantasía de que la solución a nuestro atraso es convertir todo el país en mercancía enajenable a las grandes corporaciones, se lanzó a caerle simpático a cualquier precio a la potencia estadounidense. Con eso, ha cometido graves daños en una serie de cuestiones referidas a la propia soberanía y defensa nacionales.
García sembró discordia en la Comunidad Andina, hostilizó a Bolivia, fue indiferente ante UNASUR. En el colmo, se ofreció de aliado de los EEUU para contener a las corrientes promotoras de la soberanía latinoamericana. Predicó, extraviado, sobre un inexistente “arco del Pacífico” entre Chile, Perú, Colombia y México para oponerla al supuesto “chavismo”. Con ello, hizo del Perú un país aislado en la región andina y sudamericana.
Internamente, atizó conflictos sociales y puso al Estado como ariete de las corporaciones extractivas y financieras en contra de poblaciones y comunidades andinas e indígenas. Ha regalado sectores estratégicos de nuestra economía a amos extranjeros. Declaró primitivos y enemigos a todos los que discreparon de su rumbo. En suma, ha dividido al país y ha hecho de la unión nacional una frase que solo existe en el papel membretado.
Como si fuera poco, su búsqueda de apoyo y de operadores para la opción desnacionalizadora lo llevó a colocar a la cabeza de los poderes públicos y de las instituciones de la defensa a una mezcla de ineptos y corruptos que han irradiado tanta desmoralización como en las épocas del fujimorismo. Más de uno hizo de los servicios de inteligencia una verdadera mercancía y tuvo acceso hasta a los políticos mas encumbrados de este régimen. Lo raro no es que exista un suboficial Ariza, sino que no existan más.
Ni el gobierno de Bachelet en Chile, ni el de García enPerú, son verdadera garantía para la paz entre nuestros pueblos. Tampoco ayudan a que marchemos por una senda de soberanías nacionales y unión continental. Tocará a los pueblos de cada país rescatar a sus gobiernos para que marchemos por ese camino, el de Mariátegui, Mistral, el Haya temprano y el Neruda de Alturas de Machu Picchu.
Fuente: Carlos Reyna
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