Lo que significaría el pacto entre el Apra y el PPC.
Para una carrera política generosa en errores garrafales que contrastan con su valía personal, la idea de acabar con el Apra creyéndose Luis Bedoya Reyes pactando con Víctor Raúl Haya de la Torre en la Constituyente de 1978, o Manuel Odría negociando con el Apra para tumbarse a Fernando Belaunde, es para Lourdes Flores el mejor modo de enterrar al PPC tras la derrota del 3 de octubre.
Por más que se quiera vestir el logro interesante de las catorce alcaldías distritales en la capital como un triunfo, esa elección fue un fracaso estruendoso para quien bajó del torneo de primera división a la copa Perú y fue derrotada por no saber manejar, para variar, las vicisitudes de una campaña electoral que iba ganando hasta que se dobló para entrar a la recta final.
Ahora, para no quebrar su invicta vocación por el error, Flores plantea, como ruta de salida de ese fracaso, una alianza del PPC con el Apra, poniendo a Mercedes Aráoz a la cabeza, nada menos que la candidata puesta por el presidente Alan García.
Si algo podía ser peor que perder una elección por haber sido tildada como ‘la candidata de los ricos’ precisamente por el dueño de residencias en París, Monterrico y la playa, y a quien ella misma acusó de robarle los votos, es acabar como furgón de cola del mismo partido que la trató mal y con el que ella tenía, supuestamente, diferencias por temas de decencia.
Hacer que sus acusadores de los ochenta se arrodillaran delante suyo al jurar un ministerio, ya era un gran ‘logro’ histórico de García, al igual que reclutar a los socios de Flores, pero matricularla a ella misma es mérito suficiente para que le pongan los laureles en la fachada del remodelado estadio nacional.
¿Qué gana el PPC con este sancochado con el Apra? Quizá, colocar algunos congresistas que serán varios de los que suelen usar a Flores como locomotora que no jala mucho como para ganar una elección pero sí lo suficiente como para arrastrar, hasta el Congreso, a vagones que más parecen vagos profesionales que taponean el relevo generacional que requiere un partido que sufre, desde hace tiempo, de arteriosclerosis.
El Apra, en cambio, se viste bien con un partido que hoy está a su izquierda, reúne fuerzas para ‘su’ candidata, y se acabará papeando al PPC, como AP lo hizo con ellos en los ochenta.
Cuando se observa a una política tan valiosa cometer tantos errores, surge la tentación de lanzar la pregunta vargasllosiana de cuándo se jodió Lourdes Flores, la cual puede tener, en realidad, varios momentos como respuesta. Pero la pregunta más relevante ahora, al verla persistir en el error con esta eventual alianza con el Apra, es si, ahora, ella ya está realmente jodida.
















